miércoles, 2 de febrero de 2011

Divide y vencerás. El juego de Cortés.



Nicolas Maquiavello en su libro "El Príncipe" nos deja muchas frases curiosas, máximas que debería usar un soberano para gobernar con  justicia a su pueblo. La crítica histórica de su obra la podríamos dejar para otra entrada del Blog porque es muy interesante y merece acometerse en un estudio mas serio. Una de esas frases que han hecho historia es "Divide y vencerás" y alude a "descomplejizar" un todo dividiendo este en partes mas pequeñas, tantas como sea necesario para alcanzar la victoria. En el campo de la guerra se aplica a dividir al enemigo o simplemente aprovechar su falta de unidad entre ellos para que, el sabio guerrero que conoce este principio se beneficie en fuerza sobre ellos. Todo esto por supuesto con una evaluación previa del adversario, sus puntos débiles y flaquezas. 


El mejor exponente en la división del enemigo y que ha sabido utilizar esta máxima es el conquistador de México, Hernan Cortés. Elegí un texto de la Crónica que escribió Bernal Díaz del Castillo, "Historia verdadera de la conquista de la Nueva España", donde se plasma de manera asombrosa el proverbio en cuestión. Notese como Cortés aprovecha la situación para dejar en jaque psicológico a Moctezuma, usando el descontento de los pueblos afectados por la dominación Azteca. El juego de Cortés lo podemos ver a partir de este acontecimiento:




"Vinieron donde Cortés estaba, y le sahumaron ya los soldados que cerca de ellos estábamos, y con grandes reverencias le dicen que les perdones que no han salido a recibirnos, que fuésemos bien venidos y que reposásemos.

Estando en estas pláticas vinieron luego a decir a Cortés que venía el cacique gordo de Cempoal en andas y a cuestas de muchos indios principales. Y desde que llegó el cacique estuvo hablando con Cortés juntamente con el cacique y otros principales de aquel pueblo, dando tantas quejas de Montezuma, y contaba de sus grandes poderes, y decíalo con lágrimas y suspiros, que Cortés y los que estábamos presentes tuvimos lástima. Además de contar por qué vía les había sujetado, que cada año les demandaban muchos hijos e hijas para sacrificar, y otros para servir en sus casas y sementeras y otras muchas quejas que fueron tantas, que ya no se me acuerda; y que los recaudadores de Montezuma les tomaban sus mujeres e hijas, si eran hermosas, y las forzaban; y que otro tanto hacían en toda aquella tierra de la lengua totonaque, que eran más de treinta pueblos.

Estando en estas pláticas vinieron unos indios del mismo pueblo muy de prisa a decir a todos los caciques que allí estaban hablando con Cortés cómo venían cinco mejicanos que eran los recaudadores de Montezuma; y desde que lo oyeron se les perdió la color y temblaban de miedo. Dejan solo a Cortés y los salen a recibir; y de presto les enraman una sala y les guisan de comer y les hacen mucho cacao que es la mejor cosa que entre ellos beben.

Estando en esto, Cortés preguntó a doña Marina y a Jerónimo de Aguilar, nuestras  lenguas,  que  de  qué  estaban  alborotados  los  caciques  desde  que vinieron  aquellos  indios,  y  quién  eran.  Y  doña  Marina,  que  muy  bien  lo entendió, se lo contó lo que pasaba. Luego Cortés mandó llamar al cacique gordo y a todos los más principales, y les dijo que quién eran aquellos indios, que les hacían tanta fiesta; y dijeron que los recaudadores del gran Montezuma, y que vienen a ver por qué causa nos habían recibido sin licencia de su señor, y que les demandaban ahora veinte indios e indias para sacrificar a su dios Huichilobos porque les dé la victoria contra nosotros, porque han dicho que dice Montezuma que los quiere tomar para que sean esclavos. Cortés les consoló, y que no tuviesen miedo que él estaba allí con todos nosotros y que los castigaría.

CÓMO  CÓRTES  MANDÓ  QUE  PRENDIESEN  AQUELLOS  CINCO RECAUDADORES DE MONTEZUMA

Cuando los caciques lo oyeron, estaban espantados de tal osadía, mandar que los mensajeros  del  gran  Montezuma  fuesen  maltratados.  Y  todavía  Cortés  los convocó para que luego los echasen en prisiones, y así lo hicieron.

Además de esto mandó Cortés a todos los cacique que no le diesen más tributo ni obediencia a Montezuma, y que así lo publicasen en todos los pueblos de aquella provincia.

A medianoche mandó llamar Cortés a los mismos nuestros soldados que los guardaban y les dijo: ?Mirad que soltéis dos de ellos, los más diligentes que os parecieren, de manera que lo sientan los indios de estos pueblos?, y que se los llevasen a su aposento. Después que los tuvo delante les preguntó con nuestras lenguas que por qué estaban presos y de qué tierra eran, como haciendo que nos los conocía. Y respondieron que los caciques de Cempoal y de aquel pueblo, con su favor y el nuestro los prendieron.

Cortés respondió que él no sabía nada, y que le pesaba de ello, les mandó dar de comer y les dijo palabras de muchos halagos y que se fuesen luego a decir a su señor Montezuma cómo éramos todos nosotros sus grandes amigos y servidores.

Los dos prisioneros respondieron que se lo tenían en merced y que tenían miedo que los tornarían a las manos, porque por fuerza han de pasar por sus tierras.

Luego mandó Cortés a seis hombres de la mar que esa noche los llevasen en un batel obra de cuatro leguas de allí, hasta sacarlos a tierra segura, fuera de los términos de Cempoal. Cuando amaneció y los caciques de aquel pueblo y el cacique gordo hallaron de menos los dos prisioneros, querían muy de hecho sacrificar los otros tres que quedaban, si Cortés no se los quitara de su poder.
Hizo del enojado porque se habían huido los otros dos, y mandó traer una cadena del navío y echólos en ella, y luego los mandó llevar a los navíos y dijo que él los quería guardar, pues tan mal cobro pusieron en los demás. Desde que los hubieron llevado les mandó quitar las cadenas, y con buenas palabras les dijo que presto los enviaría a Méjico."



"Historia verdadera de la conquista de la Nueva España" 
Bernal Díaz del Castillo. 
La llegada de Cortés .Cuadro de Rivera

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