miércoles, 12 de enero de 2011

La suerte de los Negros argentinos.





En mi tiempo libre miro televisión. Como cualquier ser humano. Me preparo el mate (ritual pagano de mi país) y junto a mi señora buscamos algo que valga la pena en la pantalla chica. No siempre tenemos esa suerte, pero ya tenemos muy bien desarrollada la actitud llamada resignación ante lo que puedan estar transmitiendo los canales de aire. Sabido es que los uruguayos recibimos un gran caudal de programación de nuestro vecina Argentina, pero no quiero alimentar ahora el debate sobre nuestra pisoteada soberanía cultural, sino sembrar en ustedes (posibles espectadores de lo que pasa del otro lado del charco) una pregunta original. Esto surgió de un dialogo con mi esposa, por lo tanto lo transcribiré aproximadamente:


CECILIA: Que rico te quedó el mate!
DANIEL:  Gracias. (dialogo exento de elemento cursi, por su bien)
C: Te diste cuenta que todas esas minas que eligen para los reality show argentinos son todas lindas?, no hay ninguna gorda. Encima si son morochas como yo ya no las eligen. (Mi esposa es de piel mulata, como un poco mas clara)
D: Es cierto. Has visto algún negro en algun programa argentino?
C: No.
D: En alguna novela?
C: No, tampoco.
D: Película?
C: Mmmm... en Tinelli hay un negro, pero es de Zaire.
D: pero yo digo argentino. Pueden ser dos cosas: O el elemento afrodescendiente no abunda o son víctimas de discriminación.


Como recordarán los que siguen mi Blog ya traje un informe sobre la discriminación de los "Negos" en la televisión brasilera (ver entrada). Y me pareció interesante plantear dicho tema en el Blog. Casualmente encontre un capítulo en un Libro del periodista argentino Jorge Lanata que habla sobre la suerte de los negros en tierra argentina. Luego de leerlo usted saque sus propias conclusiones, no queremos etiquetar a los hermanos argentinos como sujetos que discriminan a otros. 


Voy a copiar el capítulo entero para que lo puedan disfrutar. Así que haga como yo, prepare el mate y disfrute de la lectura:

Los primeros desaparecidos.


"Negros, en Buenos Aires, no hay."


Así comienza "Los afroargentinos de Buenos Aires", de George Reid Andrews, publicado en 1980 por The University of Wisconsin Press. Isabel Rennie, autora de una Historia argentina en lengua inglesa, describe la "desaparición de los negros como uno de los enigmas más intrigantes de la historia argentina". James Scobie anota que "la desaparición de los negros de la escena argentina ha intrigado mucho más a los demógrafos que la desaparición de los indios".

En 1974, la revista norteamericana "Ebony" envió corresponsales a Buenos Aires para escribir una nota sobre "Argentina: tierra de los negros que desaparecen".

Andrews señala que el proceso de desaparición fue bastante repentino, y comenzó a tener efecto en la década de 1850. El censo de 1778 mostró que los negros y mulatos eran un 30 por ciento de la población: 7.256 sobre un total de 24.363 habitantes.La proporción se mantenía en 1810 y 1838, aunque en este último año, tomando en cuenta cifras relativas, había bajado a un cuarto del total. Pero para 1887 sólo había 8.005 negros sobre una población total de 433.375; menos del dos por ciento.

Los historiadores han ensayado diversas explicaciones, sin que ninguna resultara concluyente:La masiva participación de los negros en la primera línea de combate de todas las guerras por la Independencia, los enfrentamientos con Brasil y Paraguay y las guerras civiles.


El mestizaje, entendiendo que las mujeres negras elegían hombres blancos, que les darían una mayor movilidad social.
Las bajas tasas de natalidad.
La eliminación del comercio de esclavos.
movimientos esclavistas 1500-1900 (click en imagen para ampliar)

Buenos Aires fue el principal centro americano de tráfico de esclavos. Entre 1606 y 1652 fueron "confiscados" 8.932 negros introducidos sin licencia en navíos declarados de "arribo forzoso". Si se cuenta los que desde 1597 pasaron por este puerto suman 22.892, con una población total para la época que nunca superó las treinta mil personas.


En 1585, apenas iniciado el tráfico marítimo de Buenos Aires con el Brasil, empezó el tráfico de esclavos. La tercera nave que zarpó del puerto, el día 20 de octubre de aquel año, fue una fragata construida allí mismo, propiedad del Obispo Victoria, que llevó treinta mil pesos en vajillas y cadenas de oro y plata hacia Brasil; a la vuelta trajo los primeros esclavos negros que vendió en Potosí.La compañía inglesa South Sea y la Real Compañía Francesa de Guinea casi monopolizaron el tráfico de esclavos que costaban entre 60 y 75 pesos y que, en el caso de tener un oficio conocido, podían llegar hasta los 1.000 pesos (eso se pagó por un herrero en 1616).

Al llegar, en 1703, el Opiniatre, buque de la Real Compañía de Guinea, depositó a los esclavos en la "chacra del Señor Obispo", a media legua de la ciudad, celebrando un contrato de arrendamiento por un año y medio con el Deán de la Quala. Finalmente, debido a los inconvenientes que planteaba la distancia y la falta de agua suficiente Maillet, tesorero de la Compañía, se interesó por El Retiro, residencia del ex gobernador y maestre de campo Agustín de Robles, el edificio más grande y más suntuoso de la ciudad. Se componía de treinta y dos cuartos o “repartimientos” cubiertos de tejas, y en sólo cuatro de ellos podían alojarse más de ochocientas cabezas de negros, a razón de doscientos en cada uno. Pastaban en la chacra quinientos porcinos y doscientos caballos. La casa fue depósito de negros desde abril de 1704 hasta el mismo mes de 1706. El Cabildo se negaba a recibir "negros que no vinieren con toda sanidad", y en esos casos se los desembarcaba en cuarentena en la Isla Martín García; el resto quedaba en El Retiro. Finalmente, luego de un pleito por el alquiler del predio, la Compañía de Guinea se trasladó al actual Parque Lezama, sobre la calle Brasil.

Llegados los esclavos al "depósito" se procedía al "palmeo", o sea la valuación oficial y medición de las "cabezas de negro"; la estatura de cada esclavo era tomada con una varilla de madera en la que estaban marcados los palmos y sus fracciones, haciéndose deducciones por defectos físicos como raquitismo, deformaciones, pérdida de miembros, extrema juventud o vejez. Se formaban de ese modo grupos de esclavos separados por sexo y con un valor promedio similar, eran las llamadas "piezas de Indias". El palmeo se completaba con el "marcado", hecho con un sello de metal, la carimba, calentado al rojo, con el que se marcaba a los esclavos en diferentes lugares del cuerpo, generalmente en el pecho o la espalda.

Los negros eran empleados para todos los oficios manuales que el español se resistía a desempeñar. A veces trabajaban en talleres y era su amo quien cobraba el salario y otras lo hacían bajo la dirección de éstos.

La separación existió siempre y estuvo bien marcada: no podían trabajar en el mismo ámbito físico que los blancos ni tampoco ejercer ciertas tareas de atención al público como, por ejemplo, la de pulpero. Nunca tuvieron representación política en el Cabildo ni en organismo alguno y vivieron bajo una legislación paternalista similar a la de los indios.

No eran admitidos en los establecimientos de enseñanza, y según Juan Probst en La enseñanza durante la época colonial, en Catamarca se llegó a azotar a un mulato "por haberse descubierto que sabía leer y escribir".

Fue precisamente una venta de esclavos el primer remate público de Buenos Aires. Los negros se llamaban Macián y Vicencio, y fueron vendidos el 20 de diciembre de 1539. Vicencio fue comprado por el capitán López de Aguilar en 145 ducados, y Macián fue adquirido por Gregorio de Leyes en 65 ducados.

Desde 1595 sólo 233 esclavos habían sido traídos a esta ciudad, una cifra que resultaba muy escasa para la creciente demanda de mano de obra. Ese año la Corona otorgó permiso a Pedro Gomes Reynel, esclavista portugués, para traer 600 esclavos por año a Buenos Aires, durante el período de nueve años. Pero aun aquella cifra era insuficiente.

El primer caso informado de esclavitud ilegal implicó al Obispo de Tucumán, que en 1585 fue sorprendido importando esclavos desde Brasil sin el correspondiente permiso real. Los esclavos fueron confiscados pero el Obispo siguió con su debilidad hasta 1602 cuando intervino directamente el Rey, acusándolo de sobornar a los funcionarios del puerto.

Para dar una idea de la magnitud del contrabando basta saber que de los 12.778 esclavos ingresados a Buenos Aires desde Brasil entre 1606 y 1625, sólo 288 tenían permiso.

En 1716 el gobernador de Buenos Aires permitió que representantes de la South Sea Company vendieran esclavos y manufacturas libres de impuesto a cambio de una comisión del 25 por ciento de las ganancias.

Juan Abbot, médico de una embarcación británica citado por Andrews en su trabajo, describió en 1740 las condiciones en que los africanos eran trasladados a la Argentina: "Durante más de setenta días tuve que levantarme a las cuatro de la mañana y bajar hasta donde se encontraban los esclavos, para ver los que se habían muerto y auxiliar a los moribundos. Me vestía a las siete y suministraba remedios a más de cien lisiados o enfermos. A las diez asistíamos a los blancos de la tripulación y atendíamos nuevamente a blancos y negros a las cuatro de la tarde. La hidropesía fue enfermedad fatal. De cuatrocientos cincuenta y cinco esclavos, hombres y mujeres, sepultamos a más de la mitad. La hidropesía se originó en individuos no acostumbrados al encierro, debido a la falta de ejercicios y a la reducida alimentación de porotos y arroz. La gravedad del cuadro general aumentó con la aparición del escorbuto".

Los esclavos no vendidos eran abandonados por los traficantes en las calles de la ciudad, desnudos, sin hablar español y sin ningún medio de sustento.El censo de artesanos de 1778 muestra el diseño de una pirámide racista en la distribución de los oficios: caso todos los negros eran jornaleros o aprendices, y –en el marco urbano– estaban en las profesiones menos lucrativas: zapatería, sastrería, control de plagas, changadores, portadores de carga y panaderías. Los mejores empleos estaban reservados para los europeos, y los blancos criollos tenían una posición intermedia. Era muy común también que los amos alquilaran sus esclavos a otras personas que los necesitaban, recibiendo así un ingreso directo en dinero efectivo.

Los Códigos del Derecho Español puestos en vigencia por Alfonso el Sabio enumeraban una serie de situaciones en las que el esclavo podía ganarse su libertad: si se casaban con una persona libre, si resultaban herederos del amo o si el amo obligaba a su esclava a la prostitución. Otro mecanismo era el llamado "servicio heroico prestado al Estado", generalmente en la lucha contra invasores extranjeros. El cumplimiento de este derecho era irregular: en 1806 y 1807 el Cabildo sólo otorgó la libertad a 22 de los 688 esclavos que combatieron en las Invasiones Inglesas. Las bajas de los Pardos y Morenos, según el informe de la Secretaría de Liniers, "registraron, proporcionalmente, mayor cantidad de muertos y heridos que el resto de las tropas".

Según Francisco Morrone, en julio de 1664 la Guarnición de Buenos Aires incluía en forma oficial la presencia de negros y mulatos: una compañía de mulatos de caballería con treinta hombres y otra de negros de caballería con 47 soldados. En 1765 ya constituyen un 11 por ciento del total de las tropas: el cuerpo de Pardos está formado por ocho compañías que reúnen a 24 oficiales y 400 soldados y el de Negros Libres a 27 oficiales y 150 soldados.

Reglamentada la milicia urbana por la Primera Junta de Gobierno el 29 de mayo de 1810, 9.615 soldados eran de origen afroamericano, esto es el 30 por ciento del total. En las fuerzas del Ejército del Norte representaron otro 30 por ciento del total de efectivos bajo las órdenes de Francisco Ortiz de Ocampo y González Balcarce. El Regimiento de Pardos acompañó a Belgrano en la expedición al Paraguay y en el Ejército del Alto Perú. Los negros fueron casi la mitad de las tropas del General Rondeau en el sitio a Montevideo.

En Memorias de un viejo, Víctor Gálvez recordó así a estos soldados: "Muchos negros que pertenecieron al Ejército de los Andes se arrastraban por las calles con las piernas cortadas o perdidas en las nieves al atravesar las altas cordilleras, y estos inválidos que mendigaban el pan tenían fuego en la mirada cuando les hablaban del ejército de la patria, que tan mal les había pagado abandonándolos a la candad pública".

El 60 por ciento del Ejército del Norte estaba compuesto por negros cuando San Martín se hizo cargo de su mando. En junio de 1816 le escribió a Tomás Godoy Cruz: "No hay remedio, mi buen amigo, sólo nos puede salvar el poner a todo esclavo sobre las armas. Por otra parte, así como los americanos son lo mejor para la caballería, así es una verdad que no son los más aptos para la infantería, mire usted que yo he procurado conocer a nuestros soldados, y sólo los negros son verdaderamente útiles para esta arma". En el censo de 1778 de la ciudad de Mendoza, se observa que vivían en el casco urbano 4.491 blancos y 2.129 negros, el 24 por ciento del total.

Mitre afirma, en su Historia de San Martín que "a pesar de ser los esclavos los únicos brazos con que contaban los propietarios para el cultivo de sus haciendas, y no obstante la gran resistencia que opusieron... al fin se allanaron buenamente al gran sacrificio que se les exigía". Nada más lejano de la verdad: la polémica respecto del precio al que los particulares venderían los esclavos al Estado duró meses, y la operación se concentró en precios mucho mayores a los del mercado: un promedio de 315 pesos por esclavo, superior a los valores de tasación que tenían otros esclavos con oficio de albañil o carpintero, que eran los más costosos. Mendoza le vendió a San Martín 270 esclavos, con una tasación total de 62.875 pesos, San Juan vendió 233 esclavos a 73.426 pesos y San Luis 42 esclavos más.

La Asamblea de 1813, contra lo que se cree, no dispuso la libertad de todos los esclavos sino la libertad de vientres, esto es que todos los hijos de madres esclavas nacidos después del 31 de enero de 1813 nacían libres, aunque con ciertas condiciones. Esos niños, a los que se llamó "libertos", debían vivir en la casa del dueño de su madre hasta que se casaban o llegaban a la mayoría de edad, sólo después eran completamente libres. Entretanto se les obligaba a servir al patrón de su madre, sin salario hasta los quince años, después de lo cual recibían un peso por mes hasta obtener la libertad plena.

También se modificó en aquel año la convocatoria al servicio militar, ante la escasez de postulantes: si se integraban, los esclavos eran libres tan pronto fuesen reclutados, aunque se les exigía un período mínimo de servicio.

Entre 1813 y 1818 dos mil esclavos ingresaron al Ejército de la Provincia de Buenos Aires. Un texto de Manuel Ugarte, publicado en El porvenir de América Latina, da una idea precisa del ambiguo estado de abolición de la esclavitud posterior a 1813. "Cuando una ley discutida le concedió la libertad –escribió Ugarte– el esclavo abrió los ojos, sin alcanzar a ver. Muchos se negaron a abandonar la cárcel y prolongaron su servidumbre. El ser humano se adapta a todo. Pero es necesario recordar también en qué condiciones se encontró el liberto. Se abría para él la época más dolorosa. No estaba a las órdenes de ningún hombre, pero su situación de inferior no había cambiado. ¿Adonde ir? ¿Qué intentar? Acostumbrado a obedecer, carecía de audacia para abrir rumbo. De aquí que la mayoría continuara sirviendo en la casa del amo mediante la ínfima retribución que sólo sirvió para salvar las formas. Otros se emborracharon de libertad durante algunos días hasta que, mordidos por el hambre, tuvieron que volver también. Y aquellas muchedumbres inmensas que la avaricia de los hombres precipitó sobre el Nuevo Mundo, modificadas por el ambiente, multiplicadas por los años, diseminadas por las revoluciones, pero invariablemente atadas al origen, prolongaron, primero políticamente y después étnicamente, en plena democracia, la situación inicial. Se habían extraviado en la tierra. El país en que trabajaban y nacían era una patria de adopción. Formaban un haz aparte que no podía confundirse porque llevaba el distintivo en la cara. El hijo del extranjero emigrado es criollo al cabo de una generación. Nadie logra descifrar su procedencia. Pero ¿quién arrancaba al negro su nacionalidad aparente?".

En su estudio "Prolongación de la esclavitud en Argentina", Alberto González Arzac recuerda que el 4 de febrero de 1813 la Asamblea declaró libres a todos los esclavos que se introdujesen en el territorio de las Provincias Unidas desde países extranjeros; pero una ley aclaratoria del 21 de enero de 1814 estableció que se refería a "los esclavos que fuesen introducidos por vía del comercio o venta, y de ningún modo los que se hubiesen fugado o se fugasen de otras naciones, ni los introducidos por viajantes extranjeros que se conservasen en su propio dominio y servidumbre, los cuales no podrán pasar al otro por enajenación o cualquier otro título".

Molinari cita algunas disposiciones de los gobiernos patrios que significaron "regresiones bochornosas y poco laudables" como la autorización concedida el 7 de enero de 1823 a Miguel Riglos, que había introducido algunos negros libertos, para que le sirvieran hasta los dieciocho años. El 10 de junio de 1823 se permitió la venta en el país de unos esclavos traídos del extranjero. Y fueron tantas las excepciones –señala González Arzac– que el 3 de septiembre del mismo año Las Heras debió dictar un Decreto prohibiendo nuevamente que los esclavos introducidos al país como sirvientes fueran vendidos "constando al Gobierno los abusos que comienzan a hacerse al decreto de la soberana Asamblea del 11 de enero de 1814 explanatorio del 4 de febrero de 1813 y a fin de cortar de raíz dichos abusos".

A finales de 1813, el Segundo Triunvirato suspendió la vigencia de lo resuelto por la Asamblea y dispuso que "todo esclavo perteneciente a los Estados Unidos del Brasil que hubiesen fugado o fugaren en adelante a nuestras provincias, sea devuelto escrupulosamente a sus amos". En circunstancias de la Guerra con el Brasil, durante 1827, se reglamentó el patronato de los esclavos tomados en corso: "Los armadores de corsarios que apresasen esclavos o cargamentos de ellos podrán empeñar sus servicios por la cantidad de doscientos pesos cuando más, en compensación de los riesgos y gastos de habilitación de los buques. El tiempo de este empeño variaba según la edad del esclavo: los que tuvieran menos de diez años servirían hasta cumplir los veinte, los de diez a quince años serían esclavos por diez años más, los de quince a veinticinco por ocho años más, los “de veinticinco a treinta y cinco por seis años y de allí en adelante solamente cuatro”.

El 30 de noviembre de 1821 un reglamento policial permitió la instalación de sociedades de negros que fueron agrupándose por naciones y se instalaron en el sur de la ciudad, en las actuales calles Independencia, Chile y México. Las sociedades fueron la Cubunda (en 1823), Benguela, Mores y Mina (1825) Rubolo (1826) Angola y Congo (1827), Cabundas, Quisamá, Hombé y Bamba. El 1 de febrero de 1822 se les prohibió bailar en las calles, y el 27 de junio de 1825 se prohibieron terminantemente los batuques y candombes. Los negros bailaban en los "quilombos", que más tarde, en la época de Rosas, recobraron su esplendor. Wilde escribió que la adhesión de los esclavos a Rosas los llevó a rebelarse contra sus amos: "En el sistema de espionaje establecido por el tirano, entraron a prestarle un importante servicio, delatando a varias familias y acusándolas de salvajes unitarias; las negras se hicieron altaneras e insolentes, y las señoras llegaron a temerles tanto como a la Sociedad de las Mazorcas".

Cuando el artículo 15 de la Constitución de 1853 proclamó que en la Nación Argentina "no hay esclavos", reconoció de hecho que la institución subsistía: "Los pocos que hoy existen quedan libres desde la jura de esta Constitución, y una ley especial reglará las indemnizaciones a que dé lugar esta declaración". González Arzac calcula que a mediados del siglo XIX, sobre un total de 800.000 habitantes de la Confederación, 110.000 eran mulatos y 20.000 negros. Aquella proporción del 30 por ciento había quedado sepultada por las guerras de la Independencia, el maltrato y las enfermedades.



Argentinos. Jorge Lanata


4 comentarios:

ALBERTO Negro CHIRIFF dijo...

daniel
Uruguay proclamó la libertad de esclavos aún antes que Brasil, pero la dificultad que tenían los libertos de insertarse saludablemente en nuestra sociedad era mucha. Una sociedad europeizada, con el concepto de civilización de Sarmiento y sus lambetas criollos. Para la intelectualidad local de los primeros años del Uruguay no había lugar para nada que no tuviera origen europeo; por lo tanto no había lugar para los indígenas (fueron exterminados), para los gauchos (fueron perseguidos), ni para los afrodescendientes (fueron invisibilizados).Pero hay un fenómeno que escapa al control social ejercido desde nuestro gobierno patrio: la cultura afrouruguaya. El Candombe, sus modismos linguísticos, la comida, y otras cosas pasaron a formar parte de la cultura popular, dinámica, ecléctica, selectiva. Aún en época de la dictadura se tiraron abajo varios conventillos y especialmente el conventillo del Medio Mundo, símbolo y elemento aglutinador de la comunidad afrouruguaya. Las familias fueron dispersadas por distintos barrios de Montevideo perdiéndose el contacto entre familias, herederas de los grupos de Nación, y se fue perdiendo la transmisión generacional de su cultura. Como broche de oro de este proceso, en la década del 90, la Intendencia de Montevideo comienza a masificar los talleres de candombe. Los nenes de mamá y los blanquitos de clase media empiezan a tocar el tambor pero lo vacían del contenido ritual que tiene desde sus orígenes. Bueno Daniel, me cansé de teclear. En cualquier momento la seguimos.
abrazo para vos y tu esposa.

Daniel Lemos dijo...

Muy interesante Alberto. La verdad que es un gran tema. cuando estaba todavía en Salto estuve en una charla de un grupo afrodescendiente. Desde ahí me interesa mucho el tema. Y es cierto, el hecho de que aquí en Uruguay haya sobrevivido restos de esa cultura y que se haya alternado con elementos autóctonos, es todo un fenómeno. Pero el vaciamiento de los verdaderos contenidos pasa en muchísimos ámbitos, en la música es mas fácil verlo. Abrazo!

Cristina dijo...

Daniel: Muy bueno tu blog, se nota que le dedicas mucho tiempo e investigación. Me gustó este artículo, es un tema muy interesante. Nosotros invitamos a un Profesor de Facultad de Humanidades que nos presentó su libro "Amos y esclavos en el Río de la Plata", lo conoces? Aquí tienes los enlaces por si te interesa:http://nicoybatlle.blogspot.com/2009_08_08_archive.html
y
http://nicoybatlle.blogspot.com/2009/08/amos-y-esclavos-en-el-rio-de-la-plata.html
Suerte y saludos

anibal josé dijo...

Exelente trbajo de investigacion yo soy venezolano y en mi pais es muy raro ver actos de rasismo aunque en la television en realidad no hay muchos talentos ofrodecendientes en nuestra television . pero en lo cotidiano veras a todos juntos compartiendo en cualquer situasion sin rasismo al final como dice la cancion las calaveras todas blancas son